domingo, 16 de febrero de 2014

Pasión, locura, destrucción, amistad, empatía… son algunas de las sensaciones que recorren tu cuerpo cuando entre tus manos sostienes 'El búfalo de la noche' de Guillermo Arriaga. Hay algo en las palabras de Manuel, uno de los vértices de ese triángulo en que se reparte el protagonismo, que reconoces como propio; una historia que en ocasiones sientes como vivida; una historia cuyas palabras reverberan en tu mente buscando nexo de unión entre su ficción y tu realidad.



Tal vez la ausencia de Gregorio humanice la espiral de autodestrucción a la que el propio ser humano se auto condena. Para mi Gregorio es otra de las víctimas de un mundo demasiado deshumanizado, uno de esos que no son capaces de entender el mundo, o mejor dicho, uno de esos a los que el mundo es incapaz de entender.

Desde lo más interior de la Ciudad de México, Arriaga despliega una trama en la que los protagonistas discurren en busca del significado objetivo de la vida que creen perdido. Debo reconocer que Arriaga es uno de los escritores que me gustan: sus historias tienen arraigo, algo que sale de su yo más interno, de su parte más visceral. En cada personaje, en cada historia hay parte suya, un trozo de su leyenda personal que abandona la alacena de los recuerdos y vuelve ahora a vivir transformado en letras.

Este cazador de historias como el mismo se define, destacó no sólo en el ámbito literario sino en el cinematográfico. Algunas de sus creaciones han sido adaptadas a la gran pantalla como es el caso de 'Amores perros'. Por esta adaptación su director Alejandro González Iñarritu consiguió la nominación para los Óscar y  los Globos de Oro. La conexión con la verdadera vida urbana marca su trayectoria profesional. Una conexión que retroalimenta las leyendas de suburbios donde los vencedores son vencidos en batallas que ganaron hoy pero que perderán mañana.

Hay algo en la literatura de Arriaga que seduce, que cautiva. Ese recorrido por la geografía emocional de los protagonistas despierta tus instintos más racionales, buscando respuestas que nunca encuentras, haciendo preguntas que te devuelvan el equilibrio. A veces pienso que somos víctimas de nuestro propio  progreso. La humanidad avanza cada día, a cada paso. Pero sin darnos cuenta algo en nosotros está retrocediendo. Hace tiempo escuché una frase en una película que decía algo así como “he pasado toda la vida corriendo; ojalá hubiera hecho un alto en el camino para oler las rosas”. Vivimos en una búsqueda continua de la perfección, material, emocional, personal, profesional… Una búsqueda que no hace más que alejarnos de nuestro propio yo, esa voz interna a la que una vez oímos pero que acallamos una y otra vez. Pero llega el momento en que esa voz no puede ser silenciada por más tiempo, y los miedos llegan, disfrazados de un búfalo cuya respiración sientes en tu nunca, vuelven en forma de tijeretas que recorren tu venas y devoran tu interior sumiendo nuestra existencia en combinación de una materia física, muerta en vida, que deambula por el mundo de los sentimientos buscando un salvavidas al que aferrarse para no acabar ahogado en el mar de la locura. Los más valientes, los más osados, se enfrentan a esa locura, viviendo con ella, superando el vértigo que tiempo atrás les hizo dar un  mal paso. Los más cobardes reniegan de ella, disfrazando sentimientos, ocultando sus pulsiones más internas con la certeza de saber que llegará el momento en que tendrán que salir de su guarida para enfrentarse a sí mismos.

Son muchos los libros que han sido adaptados al mundo cinematográfico, unos con más acierto que otros. En este caso, y en una opinión personalísima, creo que la gran pantalla no ha llegado a hacer justicia a unas letras cargadas de sentimientos, matices y emociones.



ESCRITO POR Pablo Francisco Ares Heres

Periodista en el horno, inmerso en la vida oculta de las palabras.

1 comentarios:

  1. Tu comentario sobre esta novela adaptada al cine de Guillermo Arriaga me ha agradado. Yo vi "Amores perros" y me encantó. Estoy contigo en que muchísimas veces la adaptación cinematográfica queda muy por debajo de la obra literaria. No obstante hay que darse cuenta de que son dos lenguajes distintos.
    Lo mismo sucede en el caso de las adaptaciones al cine de obras teatrales. Veo en tu blog que también tienes un comentario sobre "August: Osage County", película que nace de la obra teatral de Tracy Letts. Sobre ella hice no hace mucho un comentario en mi blog.
    Saludos cordiales

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